Artículos que debieron ser trabajados dentro del blog y del aula
SI o NO a los celulares en la escuela...
El celular es
todo un símbolo de esta época, en el caso de los adolescentes, estamos frente a
la propia extensión de la mano, más precisamente del pulgar. En la escuela el
celular parece ocupar el lugar de la gran interrupción. Lo más frecuente es la
prohibición aunque bien sabemos que eso a veces aumenta la tentación por
navegar la trampa y la transgresión. Podríamos suponer que las diferentes y
creativas regulaciones están en sintonía con la diversidad de culturas
institucionales, con la forma de organizar la vida en cada escuela y en sus
aulas.
Sabiendo de la
complejidad que significa sostener una clase con adolescentes en esta época es
más que necesario regular el uso del celular acordando pautas que se ajusten a
cada contexto, siempre sujetas a renegociaciones futuras.
El celular,
aunque también las computadoras, y ni que hablar las netbooks alteran de manera
importante el paisaje cotidiano de las escuelas. Es probable que algo de ello
haya ocurrido con la calculadora en su momento, aunque sería más apropiado
compararlo con el impacto y revolución que produjo el libro cuando entró en la
escuela.
EL
FUTURO
¿Cómo se expresa esa relación? ¿Cómo podría caracterizar
la concepción de la tecnología implícita en la imagen? ¿Qué rol le asigna el
autor a las tecnologías en el proceso educativo? ¿Considera que esta concepción
está actualmente vigente? ¿Qué datos del contexto le permiten afirmarlo?
Ésta
imagen fue realizada en 1899 por el dibujante francés Jean-Marc Cotê cuando
recibió el encargo de realizar una serie de postales humorísticas para
conmemorar la llegada del siglo XX.
En la imagen vemos como imaginaba la
escuela en el año 2000 donde los alumnos, sentados en sus pupitres y con unos
enormes auriculares puestos, reciben, por medio de cables, el conocimiento
encerrado en los libros que el profesor introduce en una especie de máquina
trituradora, ayudado por otro alumno.
Hoy esta imagen nos puede resultar
graciosa, pero no podemos negar que fué visionaria en su momento. Tengamos en
cuenta que a fines del siglo XIX, Jean-Marc Cotê imaginó una forma de
transformar la información, volcada en libros, para convertirla en impulsos que
recorrieran cables o alambres que llegaran a los alumnos.
Con el espíritu de Cotê, pero en el
siglo XXI, los invito a imaginar la escuela del futuro, pero para construirla a
partir de este momento. Aplicando las nuevas tecnologías para el beneficio de
todos, y tratando, dentro de nuestras posibilidades, de sortear las
dificultades que nos encontramos a diario con el equipamiento. Porque no lo
vamos a negar… los docentes argentinos tenemos que luchar… luchar… luchar… con
las realidades de nuestras escuelas.


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